El hombre posee la capacidad de pensar y hablar con habilidad y perfección.
El lenguaje depende del pensamiento y el pensamiento depende, de alguna manera, del lenguaje. Para dominar una lengua, es necesario representar mentalmente un sonido, una imagen o señal.
El lenguaje influye en el pensamiento, pero también las palabras pueden restringir nuestro pensamiento; el lingüista, Benjamín Lee Whorf (1897-1941) encontró que “analizamos a la naturaleza de acuerdo con las normas que dictan nuestras lenguas nativas”. Los miembros de una cultura específica construyen conceptos y encuentran el significado de situaciones o sucesos, según Whorf, gracias a los lenguajes que comparten. Cualquier persona que use doce palabras distintas para describir tipos específicos de nieve, como hacen muchos esquimales, sin duda advertirá y reflexionará acerca de las diferencias que existen entre las diversas tormentas de nieve. ¿Podríamos nosotros realizar esta diferenciación si tal vez ni siquiera estamos conscientes de que existen diferencias entre una variada gama colores blancos?
¿Qué es el pensamiento? ¿Pensamos en palabras? ¿En imágenes?
Se puede designar como diversas actividades mentales como razonar, resolver problemas o formar conceptos. Con frecuencia lo concebimos como un lenguaje interno. Las imágenes mentales parecen constituir un componente muy importante de los pensamientos de muchas personas. Los científicos, los novelistas y los poetas con frecuencia afirman que han empezado sus respectivas creaciones con “imágenes en la mente”. El gran físico, Albert Einstein descubrió la relatividad, según creía él, imaginándose a sí mismo viajando junto a un rayo de luz a la velocidad de 300.000 kilómetros por segundo.
Parecen acompañar al pensamiento diferentes tipos de imágenes: visuales, auditivas, táctiles, olfativas y gustativas. Los ciegos de nacimiento aprenden a apoyarse en imágenes no visuales para emitir sus juicios acerca de diversos objetos; y es muy probable que Beethoven haya recurrido a imágenes auditivas para componer la Novena Sinfonía cuando ya se encontraba absolutamente sordo.
¿Serán de utilidad estos datos cuando hacemos clases? ¿No deberíamos recurrir a todo tipo de imágenes para obtener el máximo potencial de nuestros educandos cuando queremos enseñar?
Las observaciones de laboratorio confirman la idea de que el ser humano habla consigo mismo al pensar. Al estar leyendo, actividad que exige mucha interpretación, con frecuencia hacemos movimientos con los labios y la garganta que se parecen mucho al lenguaje hablado; pareciera que estos movimientos nos ayudan a la comprensión de lo leído. Así también al resolver problemas matemáticos se pide la verbalización de los mismos la resolución es más eficiente y rápida que cuando no se expresan las ideas con palabras.
